Pintar. Expresar. Sonreír. Leer. Progresar. Conocer. Celebrar. Avisar. Contemplar. Escribir. Informar. Descubrir. Conectar. Abrazar. Llamar. Bailar. Besar. Sintonizar. Admirar. Situar. Hablar. Disfrutar. Sentir. Gustar. Unir. Llorar. Vivir.
Son algunos de los verbos que hemos representado en nuestro nuevo vídeo para retratar el significado que tiene para nosotros la Comunicación.
Por supuesto, nada hubiera sido posible sin la producción y realización de nuestro compañero y amigo José Miguel Delgado, al que estaremos eternamente agradecidos.
No podemos olvidarnos tampoco de todas las personas, hayan aparecido o no en la imagen, que han colaborado en su elaboración. Muchísimas gracias a todos.
¿Podrías vivir sin comunicar? Nosotros, no.
Tres meses de prácticas en una agencia de comunicación no permiten desentrañar la esencia de una actividad tan flexible y dinámica, pero sí dan una idea de la vasta importancia de la trastienda de la comunicación.
A pesar de que los ciudadanos cada vez están más conectados a múltiples flujos de información, pocos conocen un axioma de los profesionales en este campo: la importancia de las agencias de comunicación como gestoras de la voz de las empresas. Sin las agencias, las compañías estarían mudas o tartamudearían con campañas publicitarias que se quedan cortas para definir una personalidad. En los tiempos en que los ciudadanos exigen mucho más que la simple comercialización de productos, el diálogo con la sociedad se hace ineludible, y las agencias como seis60 se convierten en los logopedas que hacen posible el milagro de la comunicación eficaz.
La tarea de una agencia de comunicación es difícil de explicar y fácilmente malinterpretada. Su actividad es menospreciada con comodidad por quienes no tienen estima por la importancia de una comunicación precisa, materia de especialización de profesionales cualificados. Sin embargo, el valor de la comunicación bien gestionada es argumento irrebatible para los clientes de seis60, conscientes de la capacidad de tres jóvenes andaluces para darle voz a sus empresas.
Borja, Alicia y José Luis han compuesto durante estos tres meses una lección de gestión empresarial en tiempos especialmente adversos. El día a día en su oficina me ha permitido afilar destrezas propias del periodismo y coger cierta soltura en un ámbito profesional. Su ejemplo de jóvenes licenciados que han creado su propio trabajo ha sido motivador y sus esfuerzos por darle el sentido adecuado a unas prácticas académicas son meritorios de agradecimiento.
Estoy convencido de que su profesionalidad es el abono para un fructífero futuro de seis60, una agencia llamada a contribuir al progreso de las empresas andaluzas. Sirva este post como agradecimiento por lo que me han enseñado y mensaje de ánimo a su labor.
Jesús Manuel Caro Aguilera
Alumno en prácticas de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla
El pasado jueves 1 de diciembre, durante la celebración del ‘Día de la Persona Emprendedora’ tuve la oportunidad de participar en una mesa redonda como representante de Seis60 Comunicación. El tema parecía sencillo a priori: “Consejos prácticos para emprender”. Pero, cuidado, porque podía convertirse en un arma de doble filo.
En principio, ofrecer una serie de consejos no es tarea complicada. Podría haber bastado con algo del tipo “lucha por tus sueños”, “si quieres, puedes”, o incluso “la recompensa no está en la meta, sino en el camino”. Frases bonitas, miras altas, ganas de comerse el mundo, un poquito de financiación y… ¡adelante con tu idea!
Pero no. No basta con eso. La clave me la dieron los organizadores al preguntarme “¿qué es lo que te hubiera gustado que te dijeran, pero no lo hicieron?”. En realidad, nada. A la hora de montar la empresa con mis amigos y compañeros @alicasado y @tamarbuta, las personas que nos guiaron nos dieron la información necesaria. Ni más, ni menos. Si me hubieran dicho lo que cuesta conseguir un cliente; el sacrificio, tanto en tiempo como en dinero, que se debe realizar hasta que tu proyecto empieza a rodar; la presión constante que te ronda la cabeza ante cuestiones como “¿lo estaré haciendo bien?” o “¿seré buen empresario?”, probablemente me hubiera retirado a un rincón, asustado.
Sin embargo, si alguien me hubiera apenas esbozado la felicidad de ver cómo lo que empezó siendo un sueño hoy es una realidad con personalidad propia; el curso intensivo que se hace día a día en materias como la gestión del tiempo o de los recursos humanos; lo que se aprende tanto a nivel profesional como personal; el placer de sentirte acompañado por compañeros de viaje tan idóneos como buenos profesionales; la sensación de plenitud ante el crecimiento constante; no habría tenido la oportunidad de saborearlo y descubrirlo día a día.
Al finalizar mi pequeña exposición, deseé haber sabido transmitir a los asistentes todo lo que llevaba dentro y hacerles partícipes de que emprender es lo mejor en lo que una persona puede poner en valor sus conocimientos y capacidades. Pero, ¿de qué sirve que te lo cuente, si lo mejor de todo es vivirlo? Ánimo!!
La Noria ha sido el nuevo foco del fenómeno de las crisis de imagen engendradas en las redes sociales. El programa de Telecinco, que emitió el 29 de octubre una entrevista con Rosalía García, madre de El Cuco (menor condenado por encubrimiento en el caso Marta del Castillo), ha desatado la furia de usuarios de redes sociales, que reclaman venganza por el grado de sensacionalismo al que llega la televisión. El fenómeno podría haber pasado relativamente desapercibido si no fuera porque ha perdido sus importantes anunciantes, que han optado por desvincularse ante una situación que les podría pasar factura.
Seguramente, si los directivos hubieran optado por una solución acorde al problema, es decir, en clave 2.0, hasta podría haber salido reforzado su estilo de hacer televisión y su programa, y pronto recuperarían sus ingresos por publicidad. Si en lugar de patalear y acusar hubieran asumido parte de la culpa y admitido que hay ciertos límites, que no se paga a alguien porque su hijo sea un presunto delincuente, las redes sociales previsiblemente hubieran rebajado su ataque, como ya han hecho en otras situaciones parecidas (Donettes, Domino’s Pizza).
Sin embargo, el fenómeno de las crisis de imagen de grandes empresas espoleadas desde las redes sociales ha dado un paso más en el caso de La Noria. Mientras hasta ahora el problema se centraba en la capacidad para restar clientes por la mala imagen asociada –un proceso lento y sin un cariz revolucionario-, con La Noria el efecto se ha hecho mucho más directo. Esta vez, la reacción ha sido inmediata porque el problema no se centraba en la bajada de espectadores (que en realidad subieron el fin de semana siguiente al inicio de la crisis), sino en el sustento del negocio: los anunciantes. En su mayoría, grandes empresas muy cuidadosas con su imagen, pues conocen perfectamente los estragos que supone este nuevo fenómeno. Por ello, rápidamente se desvincularon de la situación para salvaguardar sus propias marcas y de paso envestirse de algunos valores, y retiraron su publicidad del programa. La situación ha pasado a ser dramática y Telecinco se plantea si cerrar el programa ante las cuantiosas pérdidas.
Esta vuelta de tuerca de la capacidad de influencia de las redes sociales hace plantearse varias reflexiones. Quizás la más importante es si verdaderamente las nuevas tecnologías de la comunicación tienen ese componente revolucionario que a veces se les ha otorgado y de las que sólo se han dado pequeñas muestras. La otra gran reflexión es si de verdad estamos a las puertas del principio del cambio de un sistema que llegó a ser imbatible: el de la espectacularización de la de la televisión.
Lo que sí parece claro es que la nueva sociedad 2.0, estructurada en torno a las redes sociales, está ganando una lucha con pequeñas batallas. Ahora las empresas ya no pueden jugar a aparentar que son ejemplares, sino que tienen limar su propia esencia hasta conseguir que no haya por donde cogerlas de cara a la galería mediática. Quién sabe si la insistencia permanente e inmisericorde de los usuarios de redes no conseguirá finalmente hacer el sistema un poco más trasparente.
Jesús Caro
El pasado jueves tuvimos el gusto de compartir nuestros conocimientos sobre redes sociales y plataformas 2.0 con alrededor de 90 emprendedores, periodistas y técnicos de comunicación en la sede Prodetur.
Mi compañero Borja Gómez y yo, comunicadores de profesión, íbamos preparados para impartir un seminario práctico sobre cómo realizar un estudio previo, diseñar la estrategia, elegir las plataformas adecuadas, crear contenidos y medir resultados en la web 2.0, con el hashtag #exprimiendoSM. Sin embargo, nuestra sorpresa fue que este taller pasó de ser un curso de formadores hacia asistentes a convertirse en un punto de intercambio de conocimientos y experiencias en todas las direcciones. Y tenemos que decir que la experiencia nos encantó.
Porque, como tantas y tantas veces hemos repetido, la web 2.0 no es otra cosa que compartir información de tal forma que, a la vez que enseñamos lo que sabemos, aprendemos lo que otros han descubierto. Y esa fue la esencia que impregnó todo el seminario.
Desde seis60, una vez más, finalizamos una jornada de formación con la sensación de haber aprendido de los asistentes tanto o más que ellos de nosotros.
Muchas gracias a todos.
Alicia Casado
Jesús Manuel Caro Aguilera – Alumno en prácticas de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla
En la Facultad de Comunicación, un alumno de Periodismo aprende a atender el barco con el que navegar por el vasto mar de la Comunicación. La extensión inabarcable de informaciones, un océano cada vez mayor, es un reto exigente para el que es necesario un navío bien construido a base de los principios más ineludibles del Periodismo. Sin ellos, los navegantes no siempre podrán atravesar los temporales que se avecinan.
Sin embargo, el embarcarse no es más que el principio de la verdadera historia del navegante. Se deja atrás la vida cómoda y animada del puerto para adentrarse en un maremágnum donde no es fácil orientarse.
Hacer las primeras incursiones mar adentro en buques con una buena tripulación proporciona valiosos aprendizajes para un futuro de navegante. De entre los barcos amarrados a puerto en la primera convocatoria de prácticas a la que opté, elegí un velero modesto en comparación con otros grandes navíos. Sabía que las ansias de aquellos grumetes que pretendían formar parte de un importante barco terminaban en muchas ocasiones en las bodegas sin siquiera asomarse al mar. Sin embargo, el velero de Seis60 tenía un robusto casco y altas velas.
En cuanto subí a bordo, descubrí que los veleros son capaces de moverse con rapidez y adaptarse a las condiciones más diversas capeando las marejadas con originales maniobras. Sin embargo, los grandes navíos son pesados y lentos, y la difícil tempestad la están enfrentando soltando lastre.
El mar se va abriendo mientras voy navegando y descubriendo el mundo que no se ve, más allá del puerto, detrás de la noticia y de las retóricas de líderes y empresas. Lo primero es quedarme fascinado por cómo funciona el mecanismo de velas que permite a los barcos avanzar incluso con tiempo endiabladamente adverso. Lo siguiente es la necesidad de comprender el mecanismo y poner algo propio para que la travesía sea más fructífera.
Pero sobre todo, lo más gratificante para el grumete que apenas pasó del astillero es la sensación del mar, que embriaga en un velero pequeño pero robusto, con una gran travesía marcada en el GPS y bien capitaneado.
El océano de la Comunicación sigue siendo inabarcable, pero los mapas para saber cómo orientarse son un poco más comprensibles si una buena tripulación te enseña a descífralo.
No es difícil encontrarte con empresarios que todavía creen que el Plan de Comunicación les otorgará, de forma rápida e inmediata, resultados transformados en ventas.
Nos encontramos ante un aspecto clave en las agencias de comunicación. Lidiar con todo aquel que crea, y esté firmemente convencido, que conseguirá vender aquí y ahora poniendo en marcha un Plan de Prensa y 2.0. Además, tampoco es muy dificultoso encontrarte con ejemplos en los que abandonan toda la estrategia comunicativa si a los quince días de ponerla en marcha no ven resultados notables en sus ventas.
Y nada más lejos de la realidad. La máxima de la Comunicaciónempresarial es que no repercute en las ventas directamente, sino que ayuda a vender. Un tema delicado que no siempre es bien visto ni comprendido.
Otro tema peliagudo es demostrar el resultado, en números, dela Comunicación, el llamado retorno de la inversión (ROI). En Prensa este tema no tienen ningún tipo de aprieto, ya que el valor del recorte (ya sea en papel, radio o televisión) se calcula en base a las tarifas publicitarias de ese medio que ha publicado la información. A lo que hay que sumar, además, el valor añadido de la información respecto a la publicidad.
Pero, ¿y con las redes sociales?, ¿cómo se calcula? El principal problema aquí es la juventud de la Web 2.0 y su carácter social y abierto, lo que repercute en una infinidad de teorías sobre cómo debe medirse. El sentido común nos ofrece algunas, como cuantificar el número de seguidores, las veces que se habla de la marca, el comportamiento que tienen los usuarios sobre tu producto o servicio o, cómo no, las solicitudes de trabajo y ventas que lleguen directamente desde ellas.
También hay otras herramientas, sobre todo para los portales Web y los blogs, que te ofrecen datos sobre las personas que han visitado tu publicación y la fuente desde la que han accedido.
Pero también existen otros estudios, como el caso del IOR (Impact Of Relationship), recogido en la publicación “Social Media IOR-Las relaciones como moneda de rentabilidad”, recientemente publicada por Johana Cavalcanti y Juan Sobejano. Se trata de una técnica, muy práctica, que se postula como la versión 2.0 del antiguo ROI. Consiste en medir cuatro variables (Autoridad, Influencia, Participación y Tráfico) y, a partir de ahí, transformar la subjetividad de las redes sociales en la objetividad que dan los números.
Aunque aún no hay una metodología que se erija como medida internacional, este tipo de técnicas son una buena base para acercarnos a conocer el ROI en el mundo 2.0. El tiempo, como siempre, será el que quite o dé la razón.
Ya se les conocía desde hace años pero, durante los últimos tiempos, dos acrónimos han invadido los periódicos, la radio, la televisión y todo lo que se les ha puesto por delante. Se trata de dos palabras, dos conceptos, dos formas de entender la vida que pugnan duramente una contra la otra en un ring caracterizado por una crisis que ejerce su influencia en todos los ámbitos.
Por un lado, los ni-nis. La generación de los que ni estudian, ni trabajan. Por otro, los JASP, los Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados. Desgraciadamente, se habla mucho más de los primeros que de los segundos, lo que es una muestra palpable de que son mayores en número o, al menos, que hacen más ruido.
Sin embargo, son los JASP los que sufren en sus carnes una situación desagradable a pesar de su buena formación y experiencia, sobre todo a causa de mentalidades ancladas en el pasado. En numerosos foros o situaciones, aquellos que se valen de su edad como principal aval para realizar un buen trabajo miran a estos jóvenes por encima del hombro con la potestad que da el llevar más tiempo en el gremio. Una empresa compuesta por personas menores de 30 años, como Seis60, es vista equivocadamente –o quizás malintencionadamente- por algunos como un punto débil, cuando precisamente es todo lo contrario.
El hecho de que sus miembros cuenten, cada uno de ellos, con destacados estudios de postgrado, además de numerosas campañas de comunicación exitosas para clientes locales, regionales, nacionales e internacionales parece no ser suficiente a ojos de los que llevan la veteranía por bandera. Deberían percatarse de que la juventud es un factor muy positivo porque se asocia con los nuevos conocimientos, con la capacidad de adaptación, con una frescura no exenta de visión estratégica, con la ilusión, el esfuerzo y con una óptica diferente de la realidad. Apostar por una entidad que, además de experiencia y formación, cuenta con esos valores añadidos es apostar a caballo ganador.
Dicen que el éxito consiste en vencer el temor al fracaso. Y ni Seis60, ni los Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados que la forman, tienen miedo a enfrentarse a él.
Mientras estudias la licenciatura de Periodismo, apenas llegas a conocer en qué consiste la comunicación corporativa. Aprendes lo que es una nota de prensa o una rueda de prensa, incluso un dossier de prensa, pero no logras entender las piezas clave que acaban de cerrar el círculo para dotarla de sentido. Tus preocupaciones, entonces, solo se centran en finalizar los estudios, continuar con la formación y comenzar a trabajar. Después, ya acabarás de encajar las piezas.
A continuación, empiezas a desarrollarte en una empresa y, poco a poco, parece que tus conocimientos van adquiriendo su aplicación práctica. Entonces te das cuenta de que, además de una serie de conceptos y formación esenciales, lo que más se necesita para trabajar en el mundo de la comunicación es el sentido común y el aprendizaje que te da la experiencia. En ese momento crees que has encontrado la clave, que solo te hace falta seguir trabajando en ese encaje de piezas para seguir creciendo en experiencia y completar el puzzle. Pero no es así, aún falta un paso muy importante: ser capaz de comunicar la comunicación, es decir, ser capaz de explicar lo que haces, explicar a qué te dedicas.
Y empiezas por el público que crees más complicado: tus padres. Les explicas una y otra vez qué es la comunicación y qué se hace en el día a día en este mundillo hasta que parece que has logrado que lo entiendan. Pasas por tus hermanos e incluso por abuelos y vecinos. ¡Enhorabuena, has logrado crear y dar forma a un discurso que todos entienden!
Sin embargo, no es el salto definitivo, el paso más importante está por llegar. Lo más difícil de trabajar en el mundo de la comunicación, el grado más elevado de dificultad de esta profesión, no es dominarla y ser bueno en ello. La clave está en lograr convencer a una empresa de la importancia que tiene y conseguir que invierta en ella. Ahí está la prueba de fuego, el quid de la cuestión, la cuadratura del círculo, el talismán o la pieza clave que ahora sí es capaz de cerrar un círculo que cuesta años comprender, como es el de la comunicación.
Existe un cierto empeño en varios sectores de la sociedad que concentra todas sus energías en eliminar los periódicos impresos y los libros de la escena cotidiana. Como si molestaran. Su argumento más usado es que no se puede interactuar con ellos, que son “un rollo”, que con ellos no se puede abrir vídeos ni ampliar fotografías. Que son estáticos.
Este ansia 2.0 por acabar con los periódicos y los libros lo lideran aquellos que no creen en la calidad de la palabra, ni siquiera en la cantidad, sino que creen solo en la interactividad de la palabra. Lo importante no es la calidad de un artículo de opinión de un experto en el tema ni la pasión que desprenda un buen libro, sino si se puede llevar en el bolso o si puedes enviarlo al instante a un amigo.
Y es que algunos siguen con el afán de eliminar lo que no les interesan para construir un mundo nuevo, donde gana la interacción en detrimento de la palabra. ¿Acaso alguien se lee un artículo o una noticia larga en Internet, desde la primera palabra hasta la última, sin que le empiecen a llorar los ojos?, ¿no existe una regla básica que dice que tanto las webs como los blogs deben ser ligeros y fáciles de leer?, ¿por qué no entendemos que son canales de comunicación diferentes y complementarios?
Está claro que los periódicos ya no constituyen la información en tiempo real por excelencia como antaño, porque para ello ya existen los diarios digitales y las redes sociales, que te informan al instante sobre lo que pasa. Pero, si quieres indagar en el asunto, si quieres conocer la opinión de expertos en el tema, si quieres reflexionar sobre lo que ha pasado, ¿también lo lees por Internet, o te compras el periódico?
Periódicos impresos y digitales se complementan. Son dos tipos de canales con informaciones distintas. Al igual que las redes sociales. Esa es la grandeza de la comunicación. Lo que diferencia claramente una web corporativa del blog de la misma empresa. La diferencia de discurso, la distinta percepción. Son objetivos diferentes.
La Comunicaciónabarca un amplio y enorme espectro de canales y herramientas, distintas entre ellas y con diferentes pretensiones y públicos objetivos. La esencia dela Comunicaciónes crear un mensaje, usando un lenguaje apropiado para cada receptor y verificar que le llega correctamente y lo entiende. No nos empeñemos en cambiar este concepto, por favor.
Blog de WordPress.com. Theme: Nishita by Brajeshwar.